La guinda al pastel: Abu Simbel



Y acabamos a lo grande. Y lo decimos tanto en sentido literal como figurado: Abu Simbel es una de las construcciones más impresionantes, a todos los niveles, que contemplarás en tu viaje a Egipto. Y para llegar hasta ella tendrás que elegir si hacerlo en barco, en avión o, como la mayoría de los viajeros que la visitan, en autobús tras un viaje de varias horas desde Asuán.

Los maravillosos templos dedicados a Ramsés II y a Nefertari fueron descubiertos en 1813 por el explorador suizo Buhkard y, sin duda alguna, son uno de los grandes reclamos turísticos del país. Cuatro son las figuras de Ramsés II que decoran la entrada a su templo. Cada una de ellas mide la friolera de 20 metros de altura… ¿Imaginas lo que impresiona contemplarlas en primera persona?

Pero lo apasionante de Abu Simbel no se basa solo en la grandiosidad del monumento en sí. Su historia es también asombrosa. Cuando la construcción de la presa de Asuán estaba a punto de finalizar, decidieron cambiar de lugar los templos. ¡Sí, como lo lees! El riesgo de que ambas construcciones quedaran cubiertas por el agua hizo que se reubicaran, piedra a piedra, a un lugar a 65 metros más de altura de donde se encontraban originalmente. ¡Asombroso! ¿No crees?

¿Un último consejo? Contemplar el espectáculo de luces y sonidos que se proyecta sobre los templos cada atardecer es el mejor recuerdo que podrás llevarte de tu viaje a Egipto. Te lo aseguramos.